Ulises S. Grant
De Enciclopedia Militar El Gran Capitán
Ulises S. Grant, vino al mundo el 27 de abril de 1822 en una localidad llamada Pleasant Point. El padre del futuro general era un curtidor, propietario de una pequeña finca. Se llamaba Jesse Root Grant, oriundo de Kentucky, su madre, Hannah Simpson, procedía de una familia de agricultores y pusieron a su hijo los nombres de Hiram Ulises. Mas adelante él mismo alteró el orden de estos nombres para evitar que, con las iniciales se formara la palabra HUG (literalmente, abrazo dado con gran frecuencia) cambiándolo por Ulysses Hiram . Éste sería el primero de sus diversos y curiosos cambios de nombre. Al poco tiempo la familia se trasladó Georgetown, en Ohio y allí transcurrió su infancia sin que se registrara ningún rasgo especialmente notable. Era un niño quieto e introvertido, bastante aplicado y ya capaz, a los diez años, de ayudar a su padre en el taller de curtición y de llevar hasta Cincinatti el carro de reparto. Le gustaban con locura los caballos y sabia comprenderlos, y su primera habilidad reconocida, fue la de saber domar incluso a los más fogosos. En la Academia Militar de West Point, en la que ingresó a los dieciséis años, su récord de equitación, en el salto de obstáculos, permanecería imbatido durante un cuarto de siglo. Fue el padre quien decidió inscribirlo en la Academia, aunque Ulysses no sentía vocación por la carrera militar. Sin embargo, la Academia le permitía proseguir sus estudios y le abría diversas perspectivas incluso en la vida civil. Fue inscrito en los registros como «Ulysses Simpson Grant», por un error del diputado que había apoyado su petición de ingreso. Este distraído parlamentario seguramente creyó que Ulysses, como es corriente en los Estados Unidos, utilizaba como segundo nombre el apellido materno, y otra vez se reanudaron las bromas de sus compañeros a expensas de sus iniciales: United States Grant y Uncle Sam Grant. Uncle Sam (tío Sam) es, como se sabe, una caricatura simbólica de los Estados Unidos. El cadete Grant decidió poner al mal tiempo buena cara y adoptó el nombre de Sam, que llevó hasta la madurez.
La Academia fue para él una dura experiencia. La disciplina se le hacia insoportable y en los estudios nunca superó el nivel de la mediocridad. Acumuló un buen número de puntos negativos por su «comportamiento no militar», y «negligencia en el atuendo», y cuando le dieron los galones de sargento, en su tercer año en West Point, confesó candorosamente que aquel grado era «demasiado elevado para él» y que se sentía mejor como soldado raso. Hubiera sido difícil encontrar otro «West Pointer» menos ambicioso que el futuro jefe de las fuerzas de la Unión.
Salió de la Academia en 1813, con el número veintiuno en una clase de treinta y nueve. Aspiraba a un puesto en la caballería, pero todo lo que consiguió fue un mando como segundo teniente en el IV de Infantería, de guarnición cerca de San Luis, en Missouri. Allí fue donde Grant conoció a la que sería su compañera para toda la vida. Era la hermana de un condiscípulo de West Point y se llamaba Julia Dent. Se casaron el 22 de agosto de 1848 y su unión duraría, siempre idílica, profunda, y sin nube alguna, treinta y siete años.. En la época de su boda, el teniente «Sam» había recibido ya su bautizo de fuego en el conflicto mejicano que se inició en 1846, con el pretexto de la cuestión de Texas, pero con la anexión de California como verdadero objetivo. Durante cuatro años, después de contraer matrimonio, Grant dividió su tiempo entre la familia y la guarnición, pero en 1852 fue destinado a Fort Vancouver, una localidad fronteriza y aislada en Oregón, junto al río Columbia.
La vida solitaria y monótona del destacamento, aislado de la familia , empezó entonces a beber. Esta costumbre le perjudicó en su carrera y ante el juicio de la gente. No bebía en exceso, pero toleraba muy mal el alcohol, y fue en Fort Vancouver donde comenzó a caer sobre su nombre la sombra de aquella fama de alcohólico que durante tantos años lo acosaría, Después fue destinado a Fort Humboldt, en California, y la situación se agravó. Una tarde del mes de abril de 1854, su coronel, un tal Buchanan, lo encontró bebido en un local público, Al día siguiente, después de llegar con retraso a su puesto de servicio, recibió una fuerte reprimenda de Buchanan y éste le planteó la alternativa entre presentar la dimisión o comparecer ante un tribunal marcial, Grant eligió lo primero y abandonó el ejercito.
Aunque se dedico a la agricultura, el momento era pésimo para dedicarse a cultivar las tierras, pues la crisis y la depresión llamaban ya a las puertas del país; el colapso de los precios en 1857 asestó un definitivo golpe de gracia a sus esfuerzos; después padeció un ataque de malaria que lo postró en el lecho en la vetusta factoría Dent, en el Missouri, donde vivía entonces con su esposa y sus hijos cuyo número había aumentado hasta cuatro. Después intentó montar una agencia de propiedades inmobiliarias, pero también en esta nueva empresa topó con grandes dificultades para salir adelante y tuvo que recurrir a la ayuda de su padre. Jesse Grant había establecido en Galena, Illinois, un negocio de peletería que administraban sus dos hijos menores, pero todo lo que le ofreció a Ulysses fue un empleo como dependiente. Su salario era de 800 dólares anuales, cifra modestísima incluso para la época, pero su situación no le permitía otra alternativa.
En vísperas de la guerra civil, mientras la nación americana, inflamada por las polémicas en favor y en contra de la esclavitud, estaba a punto de escindirse en dos, el ex capitán se dedicaba a conducir el carro del reparto, como cuando era un niño. A veces vendía también leña para redondear sus ingresos. Había llegado al punto más bajo de la parábola de su vida. En la primavera de 1861, la secesión de los Estados esclavistas y el ataque al Fuerte Sumter desencadenaron la guerra. Grant no se había interesado jamás por la política y se calificaba vagamente de demócrata (el demócrata era el partido opuesto a Lincoln y el que, sobre la cuestión de la servidumbre de los negros, había defendido hasta el último instante los intereses de los plantadores), pero, al estallar la guerra, no vaciló con respecto a la causa que deseaba abrazar. Al oír el llamamiento de Lincoln, que pedía 75.000 voluntarios dispuestos a luchar bajo la bandera de la Unión, Grant recordó su condición de ex oficial y se ofreció para instruir a los reclutas de Galena. Entretanto, solicitó en vano a las autoridades gubernamentales que se le devolviese su mando y se le destinase a la línea de fuego. George Mac Clellan, que había sido su superior y estaba entonces a punto de asumir el mando del ejército unionista, se negó a recibirlo, pues le recordaba como «alguien que tiene el vicio de la bebida». Finalmente, en junio de 1861 le fue confiado el mando del 21 Regimiento de Voluntarios de Illinois, con el grado de coronel (provisional y debido únicamente a la necesidad bélica de ampliar los cuadros). En agosto, después de haber llevado a cabo con éxito varias acciones enérgicas contra las guerrillas filosudistas de Missouri, fue ascendido a general de brigada. Su estrella empezaba a apuntar en el horizonte. Y, en febrero de 1862, Ulysses Simpson Grant (había adoptado de nuevo su nombre registrado en West Point) fue el artífice de la primera gran victoria unionista en la guerra: la toma de los fuertes Donelson y Henry, que abrió el camino de Tennessee para los ejércitos federales. El fuerte Henry cayó el 6 de febrero y, sin perder tiempo, Grant se dirigió hacia Fort Donelson. Mandaba esta posición el general sudista Buckner, y al cabo de pocos días éste envió un parlamentario a su adversario para preguntar qué condiciones le ofrecía a cambio de su capitulación. «Ninguna -replicó secamente Grant--; quiero la rendición inmediata e incondicional.» A partir de aquel momento, los soldados descubrieron una nueva interpretación de sus iniciales y U. S. Grant se convirtió en «Unconditional Surrender Grant», o sea «Grant, el de la rendición incondicional». Su ascenso fulgurante, desde la captura de Fort Donelson el 16 de febrero de 1862, hasta el 9 de abril de 1865, en cuya fecha recibió en Appomattox la rendición del general Lee, tuvo como hitos principales las batallas decisivas del conflicto.
Sin embargo, no fue el suyo un ascenso sin obstáculos, sobre todo en sus comienzos. Después del feroz combate de Pittsburg Landing (6-7 de abril de 1862), en el que la victoria unionista estuvo durante largas horas pendiente de un hilo, Grant fue acusado de negligencia y de ineptitud, se le culpó de la matanza y hubo incluso quien sostuvo que se emborrachó durante la acción. La antigua mancha pugnaba tenazmente para salir de nuevo a la superficie. Pero el presidente Lincoln contestó secamente a los detractores, «No puedo prescindir de este hombre; sabe pelear».
Lincoln siempre estuvo a su lado. En otra ocasión, cuando los puritanos de siempre volvieron a reclamar la destitución de Grant «por ser aficionado a la bebida», el presidente replicó: «¿De veras? Pues entonces procuren saber cuál es la marca de su whisky predilecto. ¡Mandaré un barril a los demás generales! »
1863 fue el año de Grant, ya que en julio su victoria de Vicksburg aseguró a la Unión el dominio del Mississippi (los historiadores sitúan en este punto el viraje decisivo del conflicto), y en noviembre, otra victoria en Chattanooga libró a Tennessee de las tropas adversarias y franqueó para la Unión el camino hacia Georgia. El vencedor fue recibido triunfalmente en Washington y se le concedió la Medalla del Congreso, Lincoln dio las gracias en persona, y se le otorgó el mando, como general en jefe, de todas las fuerzas armadas de los Estados Unidos.
Según un testigo ocular, Grant «parecía cualquier cosa, menos un héroe. Era más bien bajo, de hombros curvados, con un uniforme lleno de arrugas... Su aspecto nada tenía de notable. No tenía ni unos andares marciales, ni un porte arrogante, ni unos modales refinados. Unas patillas hirsutas, de color castaño claro, ojos azules y una actitud más bien arisca». Pero quienes le conocían a fondo no se dejaban engañar por estas apariencias. El desaliño de su uniforme formaba ya parte de la leyenda, pero sus asistentes sabían hasta qué punto era exigente en la cuestión de la ropa interior; ésta debía estar siempre impecable, incluso en las circunstancias más difíciles. Los sudistas le daban el apodo de Butcher Grant, «Grant, el Carnicero», y añadían que «no contaba sus muertos»; sin embargo, nunca había disparado contra un pájaro, pues detestaba la caza, los rodeos, los deportes crueles y, sobre todo, la absurda atrocidad de la guerra. Cuando Lee compareció ante él en la Appomattox Court House; para ofrecerle la rendición del ejército de Virginia (y virtualmente la de todo el Sur, aunque algunas posiciones todavía ofrecerían resistencia), la actitud de Grant fue noble y generosa. No quiso humillar a los vencidos, permitió a los oficiales el porte de sus armas y dejó a todos los hombres sus caballos. «Los necesitarán en el campo -dijo--- para las labores de primavera.» La leyenda se ha apoderado de este episodio, con el contraste casi simbólico de sus protagonistas: Lee, el vencido, con su uniforme nuevo, enhiesta su hermosa cabeza de patricio, al cinto la espada de oro que le había entregado el Estado de Virginia: Grant. el vencedor, con una chaqueta de soldado raso, en la que sólo las hombreras indicaban su grado, sin sable ni espuelas.
Pocos días después de aquel encuentro histórico, Lincoln recibió a Grant. en Washinton para -expresarle la gratitud de toda la nación -e invitarle, junto con su esposa, a compartir con él y la First Lady su palco presidencial en el Teatro Ford la noche del 14 de abril. Fue Julia Grant, su esposa, quien declinó la invitación, aduciendo el motivo de tener que reunirse con sus hijos, decisión providencial, puesto que también el nombre del general figuraba en la «lista negra» de los conjurados que dieron muerte a Lincoln, y probablemente Grant hubiese sido asesinado junto al presidente aquella aciaga noche. El y su esposa se hallaban camino de Nueva Jersey cuando se enteraron de la noticia del asesinato.