Categoría:Roma
De Enciclopedia Militar El Gran Capitán
El Imperio Romano, con su capital en la ciudad de Roma, fue un imperio de la Antigüedad que se extendió alrededor del Mar Mediterráneo, desde el Océano Atlántico al Oeste hasta las orillas del Mar Negro, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico al Este, y desde el Desierto del Sáhara al Sur hasta las tierras boscosas a orillas de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia (la actual Escocia), en Gran Bretaña al Norte, en el momento de su máxima extensión.
El término es la traducción de la expresión latina Imperium Romanum, que no significa otra cosa que los dominios de los ejércitos de Roma sobre dicho territorio. Polibio fue uno de los primeros cronistas en documentar la expansión de Roma aun como república. En las décadas anteriores a la llegada de Augusto, Roma había adquirido numerosos dominios en forma de provincias directamente bajo administración senatorial o bajo gestión consular, y también mediante pactos de adhesión como protectorados de estados aliados. Su principal competidora en aquella época fue Cartago cuyo poder rivalizaba con el de Roma y por ello fue la primera gran víctima de la República. Las Guerras Púnicas obligaron a Roma a salir de sus fronteras naturales, la península Itálica, y poco a poco se vio encontrando con nuevos dominios que debía administrar, como Sicilia, Cerdeña, Córcega, Hispania, Iliria, etc.
Los dominios de Roma se hicieron tan extensos que pronto se hicieron difícilmente gobernables por un Senado incapaz de moverse de la capital ni de tomar decisiones con rapidez. Asimismo, un ejército creciente reveló la importancia que tenía poseer la autoridad sobre las tropas, de cara a obtener réditos políticos. Así fue como surgieron personajes ambiciosos cuyo objetivo principal fue el poder. Este fue el caso de Cayo Julio César, quien no sólo amplió los dominios de Roma conquistando la Galia, sino que desafió por primera vez la autoridad del Senado Romano.
El Imperio Romano como sistema político surgió tras las guerras civiles que siguieron a la muerte de Julio César, en los momentos finales de la República Romana. Él fue, de hecho, el primer hombre que se alzó como mandatario absoluto en Roma, haciéndose nombrar Dictator (dictador). Tal osadía no agradó a los miembros del Senado Romano, que conspiraron contra él asesinándole durante los Idus de marzo en las mismas escalinatas del Senado, restableciendo así la república, pero su retorno sería efímero. El precedente no pasó desapercibido para el joven hijo adoptivo de César, Octavio Augusto, quien sería enviado años más tarde a combatir contra la ambiciosa alianza de Marco Antonio y Cleopatra.
A su regreso victorioso, la implantación del sistema político imperial sobre un imperio territorial que, de hecho, ya existía resulta inevitable, aun manteniendo las formas republicanas. Augusto asegura el poder imperial con importantes reformas que mantendrían su vigencia hasta la llegada de Diocleciano, quien trataría de salvar un imperio que caía hacia el abismo. Fue éste último quien, por primera vez, dividió el imperio para facilitar su gestión. El imperio se volvió a unir y a separar en diversas ocasiones siguiendo el ritmo de guerras civiles, usurpadores y repartos entre herederos al trono hasta que, a la muerte de Teodosio I, quedó definitivamente dividido.
Finalmente en el 476 el hérulo Odoacro depone al último emperador de Occidente, Rómulo Augústulo. El senado envía las insignias a Constantinopla, la capital de Oriente, formalizándose así la capitulación del imperio de Occidente. El imperio oriental proseguiría varios siglos más bajo el nombre de Imperio Bizantino, hasta que en 1453 Constantinopla cayó bajo el poder otomano.
El legado de Roma fue inmenso, tanto es así que varios fueron los intentos de restauración del imperio, al menos en su denominación. Destaca el intento de Justiniano, por medio de sus generales Narsés y Belisario, el de Carlomagno así como el del propio Sacro Imperio Romano Germánico, pero ninguno llegó jamás a reunificar todos los territorios del Mediterráneo como una vez lograra la Roma de tiempos clásicos.
Con el colapso del imperio de occidente finaliza oficialmente la Edad Antigua dando inicio la Edad Media.